La Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz exhibe debajo de una bella talla de Cristo crucificado un tabernáculo donde se puede venerar un Lignum Crucis. Se trata de una reliquia de la Cruz cuyo documento de veracidad (legítima auténtica) asegura: «Fue dádiva del papa Clemente VII a D. Ramón de Francia, caballero del rey Juan, el cual la dio a esta iglesia el día 14 de septiembre de 1587». Durante casi quinientos años, los fieles que han acudido a esta Iglesia han honrado con sus oraciones este pequeño fragmento del leño de Santa Cruz del Señor.
Tras el primer concilio de la cristiandad, el Concilio de Nicea (325), Eusebio de Cesarea (263-339), obispo de esa ciudad, exégeta y considerado padre de la Historia de la Iglesia, narra como Elena, madre del emperador Constantino se trasladó a Jerusalén junto con una delegación imperial entre los años 325-327. Su intención fue erigir una iglesia en el lugar donde se encontrase el Santo Sepulcro. Gelasio de Cesarea, discípulo de Eusebio, narra en su Historia de la Iglesia el descubrimiento de la Cruz del Señor por santa Elena, en su viaje a Jerusalén. Cirilo de Jerusalén (315-386) señala en una de su catequesis que antes de retornar Elena a la capital del imperio decidió partir por la mitad la Vera Crux en dos trozos para llevar uno de ellos a Roma.
Desde finales del S.IV hay narraciones acerca de trozos de la cruz, cuando se comenzó la repartición de sus fragmentos. En las iglesias eran conservadas en cajas llamadas «estaurotecas», que tenían forma de cruz e incluían en el centro un vano para conservar la reliquia. Sobre el vano se solía poner una piedra preciosa que impedía el contacto visual con el trozo de madera. Desde el S.VI se dispusieron cristales en vez de gemas preciosas o semipreciosas. A lo largo de la todas la historia de la Iglesia las reliquias de la Cruz han ocupado lugares en capillas, iglesias, y catedrales para la veneración de los fieles.
Con un gran acierto, que denota un delicado y profundo sentido teológico, D. José Luis Sauras (q.e.p.d), anterior rector de la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz, ubicó la reliquia del Lignum Crucis en un ostensorio en el lugar que ocupaba el sagrario del templo, debajo de un impresionante Cristo Crucificado en el primer retablo de la parte izquierda de la iglesia. Benedicto XVI en el libro El Señor nos lleva de la mano. Homilías privadas, afirma: «La Eucaristía es la realidad de la Cruz, es el ahora de la Cruz: en el movimiento de la Eucaristía estamos implicados en el movimiento de Cristo, que nos invita a configurarnos con su amor, con su humildad y, así, podremos encontrar la alegría de los redimidos» (p..286-287). Cruz y Eucaristía son dos caras de una misma moneda, la entrega y el amor del sin límites, que descubrimos mirando a la cruz, aquí y ahora, hoy, se nos sigue entregando en directo, no en diferido, cuando comemos la cruz, recibiendo al Señor en la comunión eucarística. Contemplar y venerar la Cruz, aceptar y comprender interiormente su mensaje, configurarnos con ella, nos ayuda a celebrar realmente con todo el corazón, con todo nuestro ser, la Sagrada Eucaristía, que se convierte en la fuerza de nuestra vida, nuestra redención y nuestra alegría. Enrique Ester Sacerdote
Desde el 7 de mayo de 1964, la atención pastoral de la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz está confiada a sacerdotes del Opus Dei.
© Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz